Lo mejor de aquellos cuatro años fue la (con)vivencia y la forjada amistad de cinco chicas, ahora cuatro, que procedían de sitios distintos, distintas familias…distinto todo.
María me solía gastar bromas sin importancia. Me escondía la almohada, me deshacía las sábanas y las cubría cuidadosamente con la colcha para que no me diera cuenta…y también me regañaba mucho. Yo creo que lo hacía porque era la mayor y se sentía responsable de mí, que era la más pequeña. Ella ya era veterana en aquél lugar y a veces se las daba de entendida. No me molestaba en absoluto, ni eso ni sus bromas. Iba buscando el chincharme, pero poco conseguía. Siempre creí que sentía una ligera envidia hacia mí con respecto a los estudios. Le costó mucho sacar adelante el bachillerato de ciencias sociales, se quedaba horas y horas por las noches con un pequeño flexo encencido estudiando y estudiando economía o historia y al final se quedaba dormida sobre los libros. Yo en cambio, no hacia “ni el huevo”, dedicaba menos tiempo al estudio y finalmente conseguía sacar con buena nota mi bachillerato de ciencias de la salud.
La amistad ya dura 14 años, ¿es un milagro?
Paqui era y es más tímida, la más callada y reservada de las cinco…pero cuando perdía la timidez…tenías que preparar pañuelos de papel para secar la lágrimas de la risa, cuando estábamos en el comedor tenía que parar de comer porque de la risa me atragantaba. Creo que nunca me he reido tanto con nadie. Aún después de tanto tiempo, me sigue haciendo reír como loca. Tres días después de mi cumpleaños la invité a ella y a las demás a tomar algo en un pub que hay en “Teatinos” y acabó doliéndome la tripa de tanto reír, no podía ni respirar y los lagrimones no me paraban de caer. También tuve mis peleillas con ella en la residencia, porque es lo que tiene la convivencia 24 horas. Insiste en que salgamos por la noche hasta las tantas y yo me hago la dura con ella…no aguanto ni hasta las 2 de la madrugada.
Reme era muy muy cerrada, era la gruñona, la protestona, la que daba la última palabra, rencorosa a más no poder…menos mal que ya no es así. Ahora es más comprensiva, menos cerrada, más habladora y más pacífica. Siempre se daba una situación en la que un comentario inocente de Reme acababa en risas y más risas en respuesta a otro comentario de Paqui sobre ella. El típico cometario de Reme: “No puedo dormir por las noches, me cuesta quedarme dormida”…a lo que contestaba Paqui: “Pero si ha sido poner la cabeza en la almohada y ponerte a roncar”…y ya comenzaba la pequeña discusión graciosa.
Isa era con Paqui la uña y su carne, siempre juntas y nunca separadas. A mí me parecía que eran siamesas. A Isa ya la conocía yo del colegio en el pueblo. Era de aspecto angelical (y digo era porque llevo años sin verla, aunque sí hablé con ella hace dos años), rubia, ojos azules, delgada y dulce al hablar. Su punto débil…el inglés. Cuántas noches me habré quedado con ella estudiando inglés, intentando que lo entendiera…pero nada, no había manera. Perdió el contacto con todas menos con Paqui, que aún se llaman y se ven. Con el grupo nunca queda ni viene cuando Paqui la invita. Lo último que sé es que se está construyendo una casa y pronto se casará con su novio de toda la vida.
De izquierda a derecha: Paqui, María, yo y Reme.
Chicas, este es un pequeño tributo a tantos años de amistad consolidada…ojalá dure toda la vida. Os quiero.


